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Sé profesional hasta apasionarte

La pasión en el trabajo es importante. Continuamente consumo vídeos y artículos que afirman que nuestra vida laboral debe estar llena de pasión. Fantástico. Pero, “¿qué sucede si mi trabajo –me preguntó un sencillo y sabio camarero– es una porquería y no me genera pasión alguna?”. Se autocontesó: “Ahí es cuando se ve al profesional”.

El camarero tiene razón. En ocasiones, nuestro trabajo no tiene elementos de ilusión. Puede ser que sea tremendamente monótono, acaben de despedir a algún compañero, o que mi nuevo jefe sea un tirano, o bien que los imprevistos me hayan fastidiado las vacaciones. No siempre tenemos tampoco la ilusión del primer día, o de un nuevo proyecto que estimule nuestras neuronas y nos haga activar esa pasión, como nos indican los conocidos gurús, ‘speakers’ y especialistas.

La vida tiene sus altibajos

Unas veces estamos ‘up’, en un momento álgido y dulce profesional y personal. Magnífico. Seguro que nuestra pasión desbordará creatividad, empatía, energía e iniciativa. Otras veces estaremos ‘down’. ¿Qué sucederá entonces? No queda sino ser profesionales. Supone ser responsables y hacer nuestro trabajo con el mayor nivel de excelencia posible, a pesar de nuestro alicaído estado de ánimo.

Recientemente leía artículos que he ido almacenando para un disfrute posterior, y me encontré con uno de Borja Vilaseca titulado ‘Claves para olvidar el victimismo’

Este artículo nos hace ver que hemos sido educados para ser víctimas, para echar la culpa a la mesa por el golpe que se ha dado el niño sin querer, al árbitro por pitar el penalty ‘injusto’, o al cliente por no valorar nuestra propuesta. La ecuación es perfecta. Si soy víctima, no soy responsable de lo sucedido. La conclusión es que me desentiendo y espero a que otro venga a resolver mi problema. Lo mismo sucede cuando no encuentro la pasión, que también va a justificar mi mal desempeño profesional.

Creo que hay que madurar

Ser profesional es por ejemplo, atender maravillosamente a un cliente a pesar de estar desmotivado, responder a los correos cuando nos piden información, ser respetuoso aunque estemos dolidos, ir a entrenar a pesar de no jugar o haber perdido el último partido, etc.

En resumen, separar mi desempeño de mi estado emocional.

Por lo tanto, busquemos la pasión. Y hasta encontrarla, seamos grandes profesionales.

Redacción
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