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Coraje de futuro: la valentía de ser

La naturaleza intrínseca del ser humana es, en principio, la de un ser desfondado y desvalido. Frente al resto de seres vivos de la naturaleza que vienen equipados a la vida con un conjunto de conductas de especie, específicas y adaptadas a su entorno, el ser humano por el contrario, se ve asistido tan sólo por un conjunto de disponibilidades que se van constituyendo en el tiempo, en dependencia masiva de su entorno humano primigenio y recibido.

Este natural desfondamiento ha de compensarse con el progresivo desarrollo de una identidad, cuya propuesta de origen radica en nuestras figuras significativas y significantes (familiares y sociales), que nos ofrecen modelos y modos de instalación vitales, que cada persona ha de ir apropiándose de forma singular y específica.

Nuestra vida, la de cada uno de nosotros, se nos presenta por consiguiente, como un desafío. En términos de Javier Gomá, “la vida es un deporte de alto riesgo”. Un desafío que, de acuerdo a nuestro equipamiento personal (temperamento), nuestra progresiva identidad social (recibida y co-construida: Carácter) y las elecciones de estilos de estar que vamos progresivamente seleccionando desde nuestra adolescencia (personalidad elegida: vocación), irá jalonando nuestro devenir, bajo los epígrafes de reto, riesgo, naufragio, fracaso, aventura, logro, triunfos, etc.

En cualquier caso, la realidad se nos presenta como un ámbito de descubrimiento, de posibilidades o de riesgos. Siempre como un ámbito de elecciones y de decisiones.

El hombre está llamado a decidir en quién elige convertirse, en quién quiere constituirse, a sabiendas de que su identidad es siempre un “ir siendo”. Por eso, la literatura ha descrito la andadura humana mediante las expresiones gráficas de peregrinaje, camino, aventura, proyecto, itinerario, viaje, etc.

El hombre es siempre una pregunta que no cesa y un ser en búsqueda de respuestas para todo lo que encuentra en su vida.Tenemos necesidad y anhelo de sentido transcendente. Según los tiempos históricos, cada hombre ha expresado su inquietud en el contexto de su entorno cultural haciéndose preguntas, pero todas ellas remiten al mismo fondo de inquietud y necesidad. San Agustín las formuló en sus Soliloquios (Dios, verdad y hombre), Kant, empapado de Ilustración, se hizo 4 preguntas (¿qué puedo conocer?, ¿cómo debo comportarme?, ¿qué puedo esperar? ¿qué es el hombre?), Shakespeare se planteó otras tantas en su obra, siendo la más conocida la que incluyó en su obra magna Hamlet con la formula “¿Ser o no Ser?”, Zubiri nos planteaba tres preguntas (Por qué hay Ser?, ¿Quién soy yo?, ¿qué va a ser de mí?, Unamuno en su permanente agonía reflexiva (“La agonía del cristianismo” y “Sentimiento trágico de la vida”) y hoy, cada uno de nosotros, sin ser originales respecto de aquellas, nos hacemos las propias en el contexto de nuestras peripecias personales.

Descubrir la realidad y más concretamente en qué consiste nuestra vocación vital (Ortega la definía como la conciencia de nuestra misión), requiere de muchas competencias y habilidades.

Capacidades que, justamente, no se nos dan realizadas al modo del reino vegetal o animal (que están ya predispuestas a la espera del estímulo que las active), sino que son el fruto de muchas esfuerzos y decisiones que comprometen nuestra identidad.

Y cuando el hombre no dispone de la confianza suficiente para confrontarse con la realidad que se le presenta a modo de propuesta (Reto o Desafío), entra en zozobra y en inquietud. Siente un quiebre en su deambular cotidiano.

Aparece el miedo, en las diferentes formas y grados de su expresión, según sea nuestra estructura personal: miedo, pánico, angustia, zozobra, irritabilidad, inseguridad, stress, apocamiento, inhibiciones, fobias, negaciones, depresión etc.

En dichos momentos, nuestra identidad se pone a prueba. Y literalmente a prueba porque es entonces cuando, probándonos en la dificultad de las situaciones, aparecen los recursos disponibles que nos permiten afrontar, en mejores o peores condiciones, los retos que generosamente nos proponen nuestra realidad y circunstancia.

Continuará.

Redacción APD
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